Nunca creí en los regalos “empaquetados”, ni en el cheque del Corte Inglés como solución a la poca imaginación para encontrar el detalle especial para alguien. Tampoco he sido convencional ni metódica en los calendarios “happy birthay to you”, y digo esto para que los que lo han sufrido en sus propias carnes me lleguen a perdonar algún día.Pero lo que siempre me ha gustado es compartir. Es mucho más generoso llegar a tener algo y no quedártelo para ti solo/a, que sacar esas bandas de plástico con un buen montón de dígitos y comprar el detalle de turno.Así que en un ataque de “altruismo musical incontrolable” he decidido crear este blog y “colgar” todo aquello que me gusta para mí y que compartiría contigo.Tengo la sensación que NO todo se quedará en un recopilatorio audible... y puede que la cosa degenere y se cree uno de esos mundos donde las personas “colgamos” aquello que nos pasa, aquello que pensamos, aquello que quisiéramos decir y que no nos atrevemos... algunas cosas mágicas, algunas cosas míticas, lo típico, lo tópico ... pero dejemos de pensar lo que será y empecemos a crear lo que es.
M.
Me gusta la magia del momento robado. Algo que no volverá a pasar. No volveremos a estar en ese lugar nunca más. No miraremos de esa manera un paisaje como aquel. No tendremos un instante como ese, pero allí estamos, con una máquina que nos permitirá recordar la sensación, el momento. Como los buenos perfumes que guardan la esencia de la memoria, y que nos transportan a ese día, a esa época, a ese amor olvidado... así es la fotografía.
Siento curiosidad por aquellas que me muestran personas. Cientos de caras y expresiones, ojos de diferentes colores, surcos que susurran vivencias ya pasadas, canas, sonrisas, manos curtidas. El gran juego de imaginar... Somos almas encerradas en un recipiente con fecha de caducidad. Energía embasada en carne y hueso, que muestra una parte de lo que somos, de lo que sentimos, de lo que pensamos...
Si uno no puede tener todo para siempre..., entonces engañemos a la muerte, al olvido, a la distancia, y al menos atrapemos la imagen con nosotros. Para cuando sintamos nostalgia, para cuando no nos quede memoria, para los que vendrán detrás nuestro... Un click, y ese instante será para toda la eternidad.
Quizá tú no me viste, quizá nadie me viese tan perdido, tan frío en esta esquina. Pero el viento pensó que yo era piedra y quiso con mi cuerpo deshacerse.
Si pudiera encontrarte, quizá, si te encontrase, yo sabría explicarme contigo.
Pero bares abiertos y cerrados, calles de noche y día, estaciones sin público, barrios enteros con su gente, luces, teléfonos, pasillos y esta esquina, nada saben de ti.
Y cuando el viento quiere destruirse me busca por la puerta de tu casa.
Yo le repito al viento que si al fin te encontrase, que si tú aparecieses, yo sabría explicarme contigo.
Por detergentes y lavavajillas, por libros ordenados y escobas en el suelo, por los cristales limpios, por la mesa sin papeles, libretas ni bolígrafos, por los sillones sin periódicos, quien se acerque a mi casa puede encontrar un día completamente viernes. Como yo me lo encuentro cuando salgo a la calle y está la catedral tomada por el mundo de los vivos y en el supermercado junio se hace botella de ginebra, embutidos y postre, abanico de luz en el quiosco de la floristería, ciudad que se desnuda completamente viernes. Así mi cuerpo que se hace memoria de tu cuerpo y te presiente en la inquietud de todo lo que toca, en el mando a distancia de la música, en el papel de la revista, en el hielo deshecho igual que se deshace una mañana completamente viernes. Cuando se abre la puerta de la calle, la nevera adivina lo que supo mi cuerpo y sugiere otros títulos para este poema: completamente tú, mañana de regreso, el buen amor, la buena compañía.